martes, 20 de abril de 2010

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1.2.3. MARIPOSAS



Pichu y yo hablamos cada noche, él me marujea, yo le marujeo, me conoce, ha visto ya mucho de mí, en una de nuestras muchas conversaciones me di cuenta de lo mucho que asusta que alguien te diga las cosas claras, como son:

No te conviene, lo sabes, te enamorarás y sufrirás.

(Él es quien me reconstruye, de hecho aunque muy a pesar suyo por la parte que le toca le pido que aunque sólo sea por un tiempo no se quite eso a lo que él llama cofia de enfermera y su brazo esté ahí cuando mi cuerpo haga amago de desplomarse).
Pero las palabras de esa noche me marcaron durante días, o quizás yo misma me las guardé en un bolsillito sabiendo que algún día me servirían de algo, pero claro, ¿quién hace caso a los consejos?, siempre terminas haciendo lo que te sale de vamos a decir entrañas, en este caso, por, creo, la primera vez, le hice caso y sí, no sucumbí con quien como él decía no me convenía, pero la otra parte la olvidé

Yo Espinete ¿y tú? Don Pimpón
Las conversaciones no pasaban de ser algo banal y sin sentido hasta un, dame tu número, va a ser que me lo das tú mejor, una llamada, y una voz que de repente me sorprende, esa voz de tío malo que tanto nos gusta a las mujeres (seremos tontas).

Mi cabeza comenzó a dibujar en su lienzo sus formas, pero no conseguía ver claramente el resultado final, esa voz que me envolvía cada vez más, haciéndome perder los sentidos, me gustaba tanto oírle GUAPA, GUAPA, GUAPA, sus palabras quedarán para siempre marcadas en esta cabecita mía...

Ven a mi casa, duerme conmigo, necesito verte, quiero verte y no tuvo que regalarme los oídos mucho porque de mi boca salió un rápido sí, me tenía embrujada, removía cosas en mí que estaban ocultas y no me importaba cómo fuera, necesitaba verle, besarle, tocarle y hacer que esa voz tomara ya su forma, necesitaba calmar mi cabeza…

Después de un largo camino llegué a él, allí estaba por fin el lienzo que tanto había imaginado, se convertía en algo real, ese momento está en mi retina y fue tan especial que sólo lo quiero para mí.

Un vergonzoso abrazo, un primer contacto de sus labios y descubrí que alguien en algún sitio muy lejano lo había fabricado para mí, su rostro me cautivó e hizo que mis ojos le miraran de una forma especial, ese primer abrazo tímido se convirtió en algo lejano y me sorprendí al salir de mi cuerpo y ver que no podía parar de besarle y abrazarle, ¿le conozco de siempre? ¿Quizás en otra vida? La sensación fue ésa, estaba tan a gusto entre sus brazos, jamás me había sentido tan protegida.

No podía dejar de mirar esa carita que tanto me transmitía, pero mi miedo a equivocarme y enamorarme me asustaba tanto, disfruté de sus labios hasta la extenuación, de sus brazos rodeando mi cuerpo, de su forma de bailar, su sonrisa, su forma de enfadarse (se pone tan guapo) te quiero, te quiero, te quiero, esas palabras retumbaban en mi pecho cada vez que me estremecía por el roce de sus manos tocándome, estudiándome, pero mi boca estaba muda, sentía tanto, tanto miedo...

Hizo que un único día fuera para mí el mejor de todos los días, pero llegó la hora de volver y regresar a mi vida, a mi monotonía, intenté ser fuerte y respiré profundamente bajando los peldaños del metro, mi cabeza se giró y él ya no estaba allí, Nany! No ha sido un sueño, ¿verdad? Él es real, un regalo que ya me tocaba abrir, lo malo es que ya debajo de tierra montada en una máquina infernal todos mis sentimientos fueron vomitados de golpe, porque no le había dicho lo que sentía, se apoderaba de mí una angustia jamás sentida, me faltaba el aire, ese aire que con él era tan fácil respirar, te quiero mi niño, tanto, tanto, tanto…

Ahora sufro por su ausencia, cierro los ojos pensando en él, y cuando los abro sigue siendo él el que está ahí, pronto este dolor que tanto me ahoga llegará a su fin, volveré a tenerle en mis brazos y sentir que nada existe…